lunes, 12 de octubre de 2015

Ensayos, Michel Montaigne (libro)

¡Nuevo libro en el blog! ¡Por fin me he leído este tocho!
Título: Ensayos
Título original: Les Essais
Autor/a: Michel de Montaigne
Páginas: 1736
Formato original: libro (ensayos)

Te gustará si: eres masoquista (de acuerdo, no), te gusta leer ensayo sobre cuestiones éticas, tienes interés en un pensador del humanismo o tienes curiosidad por una extensa exploración del yo de una persona además de ser un texto innovador en su forma de escritura y concepto.
Ni lo intentes si: no tienes ningún tipo de interés a nivel de curiosidad o del valor que pueda tener.

Sinopsis
Montaigne es el hijo por excelencia del Renacimiento. Y de su padre, naturalmente, que se empeñó en que la lengua materna de su hijo fuese el latín. De ese modo, el pequeño Michel a los seis años leía las Metamorfosis en su lengua original, y uno después a Virgilio, cuyas Geórgicas admiraría hasta el final. Estudió leyes en Toulouse; fue alcalde de Burdeos como su padre; leyó el Heptamerón y hospedó en su casa a Enrique de Navarra; viajó por Suiza, Italia y Alemania, y dejó un Diario de viaje que vio la luz doscientos años después. Tuvo un amigo, Étienne de la Boétie: su amistad, como la de Niso y Euríalo, como la de Pílades y Orestes, ha pasado a ser figura y paradigma. Los Ensayos es una de esas obras que puede figurar sin reparo en la biblioteca esencial de la humanidad y nos reconcilia con ella. (fragmento de una edición de Cátedra)

Opinión
¡Por fin! Tenía que empezar con esta exclamación la reseña porque por muy mal que pueda sonar ese ha sido mi sentimiento al acabar el libro, liberación, alegría... ¿Quiero decir con esto que es horrible que no vale la pena? Obviamente no, de hecho incluso puedo llegar a decir que algunos ensayos han sido divertidos, que he aprendido curiosidades (aunque estoy convencida que las olvidaré rápidamente) y en general es un libro que me ha gustado leer. El problema está en las características del libro 1736 páginas de ensayos es decir opiniones sobre temas, normalmente morales o éticos, que por muy amenos que puedan resultar, leerlos seguidos no es una experiencia que recomiende a nadie si no es masoquista. Es uno de esos libros que se disfruta mucho más si puedes tomártelo con calma e ir leyendo un ensayo de vez en cuando sin tener que preocuparte por otras lecturas que se te acumulan. Pero en fin, mi vena más masoquista me hizo querer leer esto sin intercalar nada así que si hay que culpar a alguien es a mi.

El problema de la gente como yo que le gustan las historias es que estamos mal acostumbrados a que leer un libro equivalga a que pase algo o a que haya unos personajes. De acuerdo, es obvio que esto son ensayos, que no es una novela, pero sin duda no soy una lectora que le vaya demasiado la no-ficción así supongo que culpa mía por ir al libro un poco más desganada simplemente por el hecho de que no va a tener nada de lo que estoy acostumbrada.
Ignorando este asunto la forma de los ensayos en sí o la intención de estos es una de las cosas que más llama la atención de estos. Que el autor intente retratarse (o pintarse) como dice él a lo largo de sus opiniones para gravar su pensamiento y la evolución del mismo es quizás lo que más nos llame la atención. A esto hay que añadirle el contexto en el que vivió Montaigne, en el siglo XVI, en medio de las guerras de religiones donde el personaje que construye intentando representarse a si mismo en el libro intenta reivindicar su individualidad y su derecho al no tener una opinión completamente definida, aun siendo católico. Y lo cierto es que ese “relativismo” es una de las cosas que pueden llamar más la atención. Es cierto que muchas veces se identifica con una postura moderada, de incluso algo de rechazo al cambio por parte de la voz que podríamos culpar de no definirse, de no querer meterse en líos. Pero la gracia de su postura es como, aunque no sabría deciros en qué exactamente, estoy convencida que en muchas cosas se expresan ideas que se llegan a contradecir en parte con lo que ha expuesto anteriormente sobre lo mismo y es lícito y normal porque es precisamente estos cambios de enfoque sobre una misma cuestión lo que representa cualquier humano. No puedes culpar alguien por que su pensamiento evolucione, pero al ponerlo por escrito parece que estés contradiciendo unos ideales o tu esencia así que alegra ver esa “despreocupación” por lo que pueda escribirse.
Obviamente es probable que toda esa manera de escribir simplemente sobre lo que se piensa en ese momento sobre algo sea una impostura. Porque al fin y al cabo el autor, por mucho que intente ser natural y diga que no tiene buena memoria no colabora mucho a esa impresión poniendo miles de citas de autores latinos y griegos. Que sí, que es cierto que de vez en cuando atribuye alguna cita a un autor equivocado pero leyendo a Montaigne no cabe duda de que el autor, por mucho que se quiera quitar méritos, era muy culto y versado en obras sobre todo latinas.
De hecho las citas a autores principalmente greco-latinas abundan en todos los Ensayos y es algo que a un lector actual le puede resultar chocante por el cambio de concepción de la escritura que tenemos ahora. Es cierto que ahora nos podemos encontrar en los libros capítulos encabezados por alguna cita, pero se nos haría muy extraño que para justificar o rebatir ideas se usaran citas del pasado como referente. Es obviamente producto de la época, pero no deja de ser una forma de escribir muy curiosa de descubrir.

El contenido en sí de Los Ensayos, de que habla Montaigne durante esas casi 2000 páginas es por lo menos curioso y muy variable. En general casi podríamos decir que son ensayos sobre ética o moral adornados con ejemplos de lo más curiosos y en general basándose en anécdotas greco-latinos. El caso es que hay un poco de todo y el autor tiene una tendencia a la divagación así que a la mínima que te despistes puedes perder el hilo y no tener ni idea de que está hablando el autor.
Uno de los temas que quizás puede molestar un poco más es el tema de la mujer como ya comenté en la reseña de Elogio de la locura en el Renacimiento las mujeres suelen tener poco papel o ser directamente despreciadas. En este caso en la mayoría de ensayos las mujeres están directamente en una posición inferior en cualquier tipo de acción así que ni son consideradas. Es cierto que hay cierta evolución cuando lleva a nombrar cierta mujer a quien tenía en buena consideración o la suficiente para decir que tenía esperanza que ella fuera capaz de tener una amistad tan hermosa como la de los hombres (de la que se tenía constancia en la antigüedad, las mujeres no había ni rastro de que hubieran amistades puras). En cualquier caso es curiosa ese ligero cambio en la opinión y más digno de mención me parece cierto el capítulo sobre la amistad.
Una de las causas biográficas de los Ensayos es que se le murió un amigo y Montaigne quiso cumplir la voluntad de continuar con la obra del amigo y publicar algunas de sus obras. De hecho en un principio la obra de la que os hablo iba a ser una especie de acompañamiento para esas obras de su amigo pero por ciertas causas políticas y religiosas Montaigne prefirió no hacerlo. En cualquier caso, este amigo La Boétie tiene un capítulo casi dedicado enteramente a él hablando de la belleza de la amistad entre hombres. ¿Por qué saco a colación este ensayo? Veo que aún no sabéis que la que os escribe es una obsesionada con el yaoi y todo lo mínimamente homosexual principalmente masculino. Lo que quiero decir con esto es que casi debería hacer una sección de encontrando rastros de homosexualidad en clásicos, porque o soy yo una loca (que es probable, no os lo niego) o están por todas partes. En este caso no está tan claro, pero lo que es cierto es que la amistad entre hombres está por encima de la relación entre hombres y mujeres para la voz narrativa, también es cierto que además le sirve al autor para decirnos como la mujer no puede acceder a esto (porque de nuevo, siendo mujer hay momentos que te dan ganas de matar a alguien leyendo misoginia en tantos clásicos). Además en lo de la mujer también es peor aún cuando para el las mujeres dignas casi parece que únicamente sean aquellas que se suicidan por el marido.
Aun así si hay un punto que me ha llamado mucho la atención y que se me ha hecho muy entretenido es cuando al autor le daban ganas de hablar de sexo y de los problemas para que el hombre se encienda o se le levante el miembro para estar a punto. Sobre esto hay un ensayo sobre el poder de la imaginación en el cuerpo y entre otras cosas hay una anécdota muy curiosa de como le recetó a un amigo que hiciera un ritual inútil pero que él le aseguró que le iría bien para que se le levantara si lo hacía, y que aunque fuera inútil por efecto placebo le fue bien. Además de este está el capítulo Unos versos de Virgilio que también va un poco de lo mismo, de la sexualidad, de como las mujeres están más preparadas para el acto sexual que los hombres además, de alguna manera, justifica poner los cuernos pero a la vez la rabia que causa que lo haga la otra parte. Son sin duda algunos ensayos que me han parecido bastante curiosos.
Luego está quizás uno de los más mencionados que es el de Los caníbales en el que se defiende el relativismo de las costumbres, en como aunque nos pueda parecer que una tradición cultural de otro país puede ser horrible o incivilizada al revisar las propias siempre hay algo en consonancia a ello o peor. Muy en el contexto de las colonizaciones es curioso ver esa perspectiva más abierta sobre como quizás los europeos no eran los más civilizados. En este sentido también es interesante como está en contra de la tortura o del educar a los niños con mano dura. De hecho en todo momento admira como fue educado por su padre y quizás lo más curioso de su educación sea que su lengua materna fue el latín.

Quizás un punto curioso de esta obra es el problema de diferenciación entre obra y autor. Él mismo tiene un momento en el que dice que ambos están relacionados de forma que la obra conoce más de él mismo que él. Pero a la vez el Montaigne del libro nos dice en muchas ocasiones que no se puede juzgar las virtudes de alguien por simplemente un hecho sino conocemos toda su vida o circunstancias así que parece que a la vez haya una distancia entre autor y obra. ¿Es Montaigne el autor, por mucho que diga que es sincero y se pinta con virtudes y defectos, el mismo que el Montaigne del libro? No, obviamente no, pero esta es una de esas obras que confundir autor y narrador no es un error tan horrible como en otras ocasiones.

Resumiendo, no es una obra que recomiende leer del tirón y sin intercalar o con mucha calma pero sin duda es toda una experiencia. Más que leer unos ensayos parece que estés hablando con alguien, alguien muy pesado que solo sabe hablar él pero a la vez tiene cierto encanto con las palabras, que a veces te darían ganas de matar y otras eres capaz de asentir a lo que dice.

Lo mejor: es una experiencia muy curiosa y que vale la pena, tiene según que ensayos entretenidos y hasta divertidos.
Lo peor: puede resultar pesado o en otras ocasiones no estar de acuerdo con él (y como no le puedes hablar te quedas con la frustración.. no me hagáis caso).


Hasta aquí mi aburrimiento.

No hay comentarios:

Publicar un comentario