miércoles, 27 de septiembre de 2017

París no se acaba nunca, Enrique Vila-Matas (libro)

París no se acaba nunca, Enrique Vila-Matas. (248 páginas). Año de publicación: 2003.

Esta es la última reseña que se me había quedado pendiente de las retrasadas por la falta de actividad en el blog casi total antes del verano, así que esta es la última reseña con poca memoria y a partir de aquí vienen todas las reseñas de lo que he hecho a lo largo del verano, para que veáis el descontrol que llevo y el retraso tan inmenso... Así que sí, hace unos tres meses desde que la leí, sé que no me acabó de convencer, que la prosa del autor daba demasiadas vueltas al mismo y que me resultaba un poco pedante en ocasiones. Y se me hace raro decir esto porque prosas similares a esta, con múltiples referencias literarias y con una repetición constante de temas y obsesiones particulares me han gustado. En este caso tenemos a Hemingway y sus años en París narrados en París era una fiesta que además, aunque no recuerdo exactamente cómo, sé que el título de la obra que os vengo a reseñar se relacionaba con el de aquella, también recuerdo que constantemente el protagonista hace una especie de reflejo invertido de Hemingway ya que aunque quiere imitar constantemente no hay manera de que consiga ni simular la experiencia de vida (no hace falta que hable de la decepción de París, ya habla bastante el protagonista) ni en el aspecto (ídem) o incluso en el talento literario... Mi problema es que no comparto la fascinación por Hemingway. De hecho sólo he leído El viejo y el mar y no la disfruté mucho, pero la figura, el personaje (que es casi más o menos igual de famoso que la obra) no me interesa mucho, la verdad, así que leer un fanboy de Hemingway no ayuda a empatizar con el libro que os reseño. Por otra parte hay que decir que después de leer esto tengo curiosidad por leer París era una fiesta por el ejercicio de intertextualidad que es esta obra, pero no sé si lo acabaré haciendo o me olvidaré completamente del propósito. Como os decía antes, obras como ésta donde se basa todo en la reflexión/paranoias/obsesiones del protagonista a veces tienen la pega de que como el protagonista te caiga mal se pueden hacer muy pesadas, o al menos darte ganas de matar a alguien. Pero vaya, todo el rato digo protagonista y supongo que debería hablar también de cómo esta obra pertenece al género de difícil definición de la autoficción y por tanto autor y protagonista tienen alguna relación. Pero vayamos por partes.

La parte de autoficción que os comentaba supongo que es la que llama más la atención, da más morbo y incita a preguntarse qué diablos separa una novela de una autobiografía y pactos de lectura y blablabla que no os interesa. Es broma, es interesante pero no os he venido a hablar de esto y tengo que reconocer que las barreras entre géneros es un tema que me interesa bastante (y más cuando pienso en videojuegos/libros en fin, da igual). La cuestión es que aquí el escritor juega abiertamente con el lector entre lo que pueda ser verdad o mentira, lo que pueda ser vida o invención y todo comienza con el juego de la novela siendo una conferencia que hace sobre los años de juventud en París y su decepción y se supone que lo que leemos es el guión o el recitado de la conferencia. En fin, ya sabéis juegos narrativos que es casi en lo que se resume el libro, constantes referencias, constantes ironías, porque todo es irónico y en fin, vueltas y vueltas sobre lo mismo. Y de nuevo, todavía no entiendo porque se me hizo tan cargante todo, soy la primera que le encantan los personajes irónicos, incluso un poco desgraciados como el protagonista y las referencias culturales y los contenidos meta-literario o meta lo que sea me encantan, entonces ¿por qué diablos si lo tenía todo me he sentido tan lejana al protagonista? De nuevo, no sé, mi memoria defectuosa no ayuda y quizás es uno de los casos donde esperaba más del libro y no lo ha conseguido, lo leí en mal momento, no sé. La cuestión es que incluso la forma tenía todo para gustarme en el constante perderse entre recuerdos sin mucho orden (de nuevo, si no recuerdo mal) cierto aire de fragmentación e incluso las repeticiones. Yo que sé, soy muy fan de Kundera y en cierto modo no para de hablar del mismo y hay ciertos temas, metáforas u obsesiones que no paran de perseguir a los personajes y en cierto modo el libro que os reseño tiende a eso, a volver sobre los consejos que le da de escritura la Marguerite Yourcenar, sobre su novela que mataba al lector (o no iba así... mi memoria...). En cualquier caso o simplemente la voz narrativa y yo somos incompatibles por algún tipo de alienación cósmica (sin duda, no creo en la influencia cósmica, pero dejadme decir chorradas) o es culpa de Hemingway. No quiero culpar tanto a Hemingway porque aunque es importante creo que la novela no está tan centrada en el escritor ni le tengo odio suficiente (no lo odio de hecho, simplemente no me genera especial simpatía) para que el hecho de que tenga cierta relevancia me estropeara la experiencia lectora, pero la cuestión es que supongo que todo se reduce al protagonista.

Supongo que hace poco aprendí que podía disfrutar de un libro incluso odiando completamente al protagonista (pienso en Las ilusiones perdidas) pero en este caso no hay manera de separar personaje y libro. Pero aún no introduciéndome en el personaje lo cierto es que también debería hablar de como es una novela de formación (os pondría el término en alemán para quedar pedante si no fuera porque soy una vaga y paso de buscar cómo se escribe correctamente y porque no me gustan las pedanterías innecesarias y sí, entonces os podéis preguntar porque narices existe este paréntesis y la respuesta la encontraréis en vuestro corazón, de hecho, no, es puras ganas de enrollarse y no decir nada ) que resulta frustrada como lo son la mayoría de este estilo del siglo XX-XXI ya que ponerse a escribir novelas de formación a la realista en pleno siglo XXI es por lo menos problemático. Pero vamos, yo sigo siendo muy fan de toda historia que vaya sobre cómo un adolescente pasa a la etapa adulta y en este caso como aprende a ser escritor y si lo parodian o por lo menos desmontan idealizaciones como esta novela es algo que normalmente me suele gustar. Y de nuevo, no entiendo porque este libro no me ha gustado. En serio, 'no lo entiendo! Es desesperante, no paro de pensar en todo lo que contenía y en como en cualquier otro libro lo más probable es que me hubiera gustado pero lo cierto es que no puedo quitarme de la cabeza que el estilo me resultaba desagradable, o al menos antipático y sí suena completamente irracional y sin ningún tipo de justificación. Pero vaya, paranoias, recordad como se llama el blog, amigos míos.
En fin, no me enrollo más. Si habéis leído toda la reseña sabréis que el libro no me terminó de convencer aunque al mismo tiempo, y tal vez esto no lo he remarcado suficiente, me parece bastante interesante e incluso diría que cuando leí la obra me pareció entretenida, o por lo menos curiosa de leer. Y vaya si os interesa todo el tema de la autoficción, los juegos meta-literarios, las obras que van sobre la escritura misma y sobre Literatura en general es probable que os interese (y yo estoy en este grupo de gente, y no lo he disfrutado, y lloro, y...). En cualquier caso lo cierto es que habiendo tenido una experiencia tan particular con este libro, que aún no sé si me ha frustrado completamente o no ha estado tan mal o qué demonios ha pasado, lo cierto es que no sé si debería animarme a leer algún otro libro del autor. Por un lado los temas que parecen recurrentes en su obra me parecen atractivos y tengo verdadera curiosidad por saber si esta frustración con el estilo o con el personaje (o lo que sea) se repetiría pero por la otra soy masoquista pero no tanto, o algo así. En fin, supongo que no ha estado mal.

Hasta aquí mi aburrimiento.

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