lunes, 25 de septiembre de 2017

Roland Barthes, Roland Barthes (libro)

Roland Barthes por Roland Barthes, de Roland Barthes (viva la repetición). 186 páginas. Año de publicación: 1975.

Otra autobiografía más rara que la anterior y de la que tendrá reseña corta y dispersa. Barthes es un personaje con el que he tenido muchos contactos parciales. Quiero decir, he leído muchos fragmentos de obras suyas, me han mencionado la muerte del autor muchas veces, y parece que en el ámbito de la teoría/crítica literaria está por todos lados y no hay manera de escapar de su influencia. O esa es la impresión que tengo ya que de verdad que este buen hombre está en todas partes, habló de temas demasiado diversos y sinceramente tengo mucha curiosidad por leer alguno de sus libros (mitologías, especialmente me llama muy bestia la atención), pero pocas ganas ya que estoy muy vaga últimamente. La cuestión es que este libro en concreto del que os quiero hablar es una autobiografía que podría ser casi cualquier cosa, leerla en inglés no ha ayudado mucho a que entendiera demasiado ya que el libro es bastante complejo de vez en cuando y nos encontramos con una serie de fragmentos que pueden hablar sobre cualquier cosa. Como experiencia es interesante, no os digo que no y como todo en la vida hay algún momento interesante en los fragmentos, pero sin duda si deseáis saber de la vida de este señor no es vuestro libro, o al menos si por vida entendéis la secuencia de eventos explicada cronológicamente y los eventos deben tener algún tipo de relevancia, ya que precisamente el libro de eso, de pensar acerca de cómo se crea el yo mediante la escritura, problemas del lenguaje típicos de occidente en el siglo XX y reflexiones sobre cuestiones lingüísticas que probablemente te pierdas en el intento de leerlas. O eso creo recordar, ya que, de nuevo, tengo un recuerdo muy difuso de este libro y no ayuda mucho el idioma o el momento en el que lo leí así que me encantaría dejarlo aquí pero creo que debería esforzarse un poco más.

Como os decía el libro está escrito en fragmentos, de nuevo, no recuerdo si estaban numerados o no, si recuerdo que estaban espaciados, y también recuerdo las fotografías. La cuestión de las fotografías de la infancia tienen su relevancia en la construcción de este yo por palabras ya que son una especie de solución a la infancia como período no del todo "escrito" o "lingüístico" o algo así si no recuerdo mal y no deja de parecerme curioso. Por otra parte los fragmentos en general pueden ir de cualquier cosa pero creo recordar que había mucha insistencia en volver sobre la escritura misma que al fin y al cabo es el tema preferido de la literatura y vaya, da igual, no volvemos sobre esto porque es la excusa perfecta para no decir nada, volver a la revolución francesa por enésima vez y Flaubert, y a Mallarme y... en fin, incluso yo me aburro de escribir estas cosas así que no valdrá la pena, que para decir cosas que sé a medias mejor no escribo, la cuestión es que, como os decía, de los fragmentos no recuerdo absolutamente nada (o muy poco) excepto uno que me impactó brutalmente sin que tenga ningún tipo de relevancia y probablemente sea una de las cosas más banales. Y permitidme que os deje con la intriga ridícula de sobre qué iba el fragmento para irme por la tangente de forma completamente innecesaria y hablar sobre cómo me fascina el tema de cómo la gente recuerda los libros y como a veces, si nos basamos sólo en el recuerdo o en lo que nos ha parecido relevante parece que leemos libros diferentes y ahora vendría la justificación/idea de porque escribo en este blog reseñas, pero sinceramente, como os decía antes, incluso yo me canso de mí misma dándome motivos de porque narices escribo reseñas en un blog si constantemente pienso que no debería hacerlo, que no tengo nada que decir sobre lo que reseño (o al menos nada interesante) y que una parte de mí a veces piensa que mejor que nadie leyera esto y la otra publica entradas... En fin, la gran chorrada qué es la vida, supongo. Lo que os decía, el fragmento que me hizo empatizar muchísimo, me hizo mucha gracia y que sea probablemente el único que recuerdo del libro es uno que habla sobre el piano y la forma de poner los dedos. O dios mío si alguien aquí ha tocado el piano o cualquier instrumento que no sea la flauta dulce en la escuela (aunque también aplica) sabe la puñetera tortura que es la manera en la que te hacen colocar los dedos. Quiero decir, estoy segura de que habrá mucha gente que no haya tenido este problema pero como alguien que odia que le restrinjan su libertad (no, es coña) en mis intentos de tocar algún instrumento siempre he odiado que te obliguen a colocar los dedos, no había manera de recordar ciertas secuencias y simplemente me sentía del todo incompatible con la obligación de utilizar cierto dedo en cierta tecla. Y sí, llegó un momento que entendí que ciertas partituras eran mucho más fáciles si te ponían cierto movimiento de dedos programado, incluso recuerdo haber practicado cierto movimiento no habitual para mí, pero sigo sintiendo (después de varios años sin tocar nada) cierta frustración en relación a la obligación de poner ciertos dedos para tocar ciertas notas. La cuestión es que todo esto lo comparte en cierto modo Barthes o al menos tiene el maravilloso momento en el que dice que él nunca podría ser un profesional del piano porque no le gustaba el momento en que sus dedos actuaban de forma mecánica y dejaban de elegir en cada momento donde se posicionaban libremente. Y sinceramente, la manera en la que lo decía me parece un maravilloso intento de excusa a la hora de tocar un instrumento así que ya sabéis, leed el libro. No, es broma y además aprovechaba para reflexionar sobre cierta manera de actuar sin pensar si no recuerdo mal, pero que empezara con algo que sentía tan cercano me hizo mucha gracia.

Resumiendo, no ha estado mal leerlo, tampoco me ha emocionado mucho. Está bien, es curioso, entiendo porque puede ser importante pero sea por el idioma, sea por mi estado de ánimo o simplemente porque aunque es un experimento interesante tanto de leer como de pensar a su alrededor no creo que este tipo de cosas me puedan llegar del todo, al menos ahora mismo, no me ha convencido del todo. No sé, me da la sensación de que no me importa leerlas, encuentro que tienen cosas interesantes y se me van demasiado rápido de la cabeza y me siento muy imbécil por mi falta de memoria. Nada más.

Hasta aquí mi aburrimiento.

2 comentarios:

  1. Sé que no tiene absolutamnete nada que ver, pero lo voy a decir igualmente. Acabo de empezar Filología
    Hispánica en Salamanca, y me he acordado de ti. Yo también me siento ignorante como tú durante mis clases, y mi nivel es más bajo que el de mis compañeros. Sin embargo, sigo disfrutando y amando lo que hago. No he podido comentar porque son muchos cambios en poco tiempo y no tengo mucho tiempo.

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    1. Tranquilo, ni que fuera obligación comentar, ja, ja. Espero que te vaya bien la carrera y lo de sentirnos ignorantes creo que nos pasa un poco a todos así que, bueno, supongo que es cuestión de no perder la curiosidad por aprender o algo así (aunque suene quizás un poco tópico-estúpido escrito de esta manera...).
      En fin, qué vaya todo bien y, como siempre, gracias por pasarte.

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